La crecida del río Gastona golpeó con fuerza a la comuna de Atahona y dejó bajo el agua al 85% de los vecinos. El desborde afectó viviendas, calles y accesos, obligó a evacuar familias y expuso una vez más la vulnerabilidad de una localidad que convive desde hace décadas con las inundaciones. La situación se agravó durante la noche del martes, cuando el nivel del agua alcanzó alturas críticas y avanzó sin freno por distintos sectores.
La comuna se ubica al sur de la provincia, a una hora de San Miguel de Tucumán, sobre la ruta nacional 157. Tiene alrededor de 4.000 habitantes y comprende varios parajes: Los Valenzuela, Cejas de Aroca, Sandovales, Ampata, La Ensenada y Yacuchiry. Según estimaciones locales, el 85% de la población resultó afectada por el agua, lo que equivale a unas 100 familias.
Los propios habitantes intentaron contener el agua con barreras improvisadas de bolsas de arena. La fuerza de la corriente superó esas defensas y el agua avanzó sin control por las calles. Como consecuencia, los accesos quedaron inundados y varios sectores del pueblo permanecieron aislados. En la entrada de la localidad se observaron montículos de tierra al costado de la ruta y sectores donde se rompieron calles para forzar el drenaje del agua acumulada, una medida tomada en medio de la urgencia.
Encerrados
Atahona se emplaza en una zona que, durante períodos de lluvias intensas, suele concentrar grandes volúmenes de agua. Se encuentra entre dos cursos con niveles diferentes. Al norte, en un sector más elevado, corre un brazo que se desprende del río Gastona, el Pampa Mayo. Mientras que al sur, en una zona más baja, se extiende el Gastona. Esta diferencia provoca que, cuando el Pampa Mayo se desborda, el agua avance desde las áreas más altas hacia las más bajas, atraviese el casco urbano y termine en el Gastona, lo que genera inundaciones.
Ambos cursos de agua encierran al menos nueve comunidades rurales y desembocan en el río Salí, cerca de Chicligasta.
Inundación de noche
Alrededor de las 23 del martes, cuando el nivel ya alcanzaba la altura de la cintura en algunas casas, unas 15 personas, entre ellas menores, debieron evacuar y refugiarse en la escuela del pueblo. Allí recibieron colchones y el traslado se realizó con un tractor de la comuna.
Entre los damnificados está Luisa Rocha, quien vive con su hijo. “Perdí todas las cosas de la casa. En una situación así, uno no sabe qué agarrar. Pude traer a uno de mis perros, pero dejé a otros dos sobre la mesa y no sé cómo estarán porque todavía no puedo volver”, relató preocupada.
Zulma vive en la entrada del pueblo junto a sus dos hijos. “Escuché la sirena de la Policía que pasaba por el barrio avisando que el agua estaba llegando. Era un sonido diferente, de emergencia. Ya sabíamos que se venía el agua”, contó.
La mujer explicó que el agua arruinó muebles y electrodomésticos. “Es imposible levantar la casa”, dijo, angustiada. “Nunca pensamos que fuera tanta agua”, afirmó.
Mirta y Juan Rodríguez son hermanos y viven en condiciones precarias. Su casa también quedó afectada por las lluvias. Juan explicó el comportamiento del río. “Estamos en un lugar donde la ruta nos encierra con los ríos y se forma el Triángulo de las Bermudas”, describió.
“La naturaleza puede más que cualquier cosa”, agregó Mirta y Juan recordó otros episodios similares: “en 2007, 2014, 2016 y 2017 hubo inundaciones, pero la de este año fue la peor”. También señaló que la semana previa ya habían sufrido una crecida. “Ahora hay más agua que la semana anterior. No se puede hacer nada”, admitió.
Asistencia y pronóstico
Personal del Siprosa llegó a la zona y entregó elementos de higiene a las familias afectadas. Vecinos señalaron que, en medio de la emergencia, se abrieron canales de manera manual a través de las vías del tren para facilitar el drenaje. En cuanto a los animales, algunos lograron sobrevivir al subir a los árboles y muchos perros fueron evacuados junto a sus dueños.
El comisionado comunal Nicolás Racedo explicó que el desborde comenzó en Los Valenzuela y avanzó hacia Atahona durante la tarde del martes. “La ruta 157 actúa como dique de contención porque tiene muy pocas alcantarillas y eso ocasiona que se eleve el nivel del agua cuando llueve”, indicó. También señaló que el agua desciende lentamente hacia el este, rumbo al río Gastona.
El Servicio Meteorológico Nacional anticipa lluvias para los próximos días en Tucumán y rige una alerta amarilla, lo que mantiene en vilo a una comunidad que aún no logra recuperarse del impacto.